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lunes, 11 de agosto de 2008

Violencia Familiar

VIOLENCIA FAMILIAR, CONSUMO DE SUSTANCIAS Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

EN 2934 FAMILIAS DE LA CIUDAD DE HUANCAYO, PERÚ

Arístides Vara Horna

Asociación por la Defensa de las Minorías (ADM)

Resumen

Objetivo: Medir la prevalencia e incidencia del consumo de alcohol y tabaco en la familia, la violencia conyugal, el castigo hacia los hijos y la violencia entre los hijos. Asimismo, determinar la importancia de algunos predictores en la dinámica de la violencia en el hogar.

Procedimiento: Se utilizó una versión modificada de las Escalas de Tácticas para los Conflictos (CTS2), en 2934 estudiantes de secundaria de dos colegios en Huancayo.

Resultados: (1) Evidencias sólidas de validez y confiabilidad del instrumento. (2) El 30.8% de los padres y el 31.2% de las madres agredió psicológicamente a sus parejas, al menos una vez en los últimos seis meses, siendo las madres quienes repitieron más los ataques. (3) El 12.1% de los padres y el 11.6% de las madres ha atacado físicamente a sus cónyuges, al menos una vez en los últimos seis meses. Las madres repitieron los ataques físicos con mayor frecuencia. (4) El 3.8% de los padres y el 5.5% de las madres sufrió daño físico debido a una pelea que tuvieron con sus parejas. (5) El 78.1% de los padres y el 90.4% de las madres castigó psicológicamente a sus hijos, al menos una vez en los últimos seis meses. (6) El 44.7% de los padres y el 58.6% de las madres castigó físicamente a sus hijos, al menos una vez en los últimos seis meses. (7) El 49.5% de escolares ha insultado, amenazado o golpeado a algún familiar suyo en los últimos seis meses. Existe un mayor porcentaje de mujeres que ha atacado con mayor frecuencia e incidencia a algún familiar suyo. (8) El 43.1% de escolares ha insultado, amenazado o golpeado a alguien que no era familiar suyo en los últimos seis meses. Existe un mayor porcentaje de hombres que ha atacado a alguien que no era familiar suyo.

Conclusiones: La violencia conyugal es una consecuencia de responsabilidad compartida, es decir, hombres y mujeres se agreden en proporciones similares. Los predictores de la violencia en el hogar son: madre que trabaja fuera del hogar, padre desempleado, bajo nivel educativo del padre, alto nivel educativo de la madre. Si el padre es el único proveedor económico, a la vez que tiene mayor nivel educativo que la madre, la violencia y el consumo de sustancias psicoactivas en el hogar es significativamente menor.

I. APROXIMACIÓN TEÓRICA AL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA FAMILIAR Y DE LA PAREJA

1.1 Conflictos y violencia familiar

Las personas tienen mayores probabilidades de ser asesinadas, atacadas físicamente, golpeadas, insultadas o denigradas por cualquier miembro de la familia dentro de sus hogares que por un desconocido fuera de ella (Gelles, 1997). Probablemente resulte difícil ver a la familia como la institución más violenta dentro de la sociedad. Quizá porque se considera la vida familiar como un ambiente cálido que brinda intimidad, seguridad y descanso. En muchos casos es así, pero ello se debe a que los conflictos surgidos se resolvieron de forma satisfactoria.

Los conflictos familiares son producto de la convivencia social. En tal sentido, podría hablarse de la inevitabilidad de los conflictos, en los cuales se pone de manifiesto la diferencia de intereses, deseos y valores de sus miembros (Straus y Gelles, 1986).

La familia atraviesa por diferentes etapas de desarrollo, las cuales favorecen la aparición de episodios sucesivos de conflicto. Por ello, el centro del problema no será evitarlos, sino establecer el método más adecuado para resolverlos. Aun cuando el conflicto es una parte inevitable de todas las relaciones humanas, la violencia no lo es (Adams, 1965; Coser, 1956; Dahrendorf, 1959; Scanzoni, 1972; Simmel, 1955; Straus, 1979). Son claras las diferencias de un conflicto resuelto mediante la puesta en juego de conocimientos, aptitudes y habilidades comunicativas y, otro solucionado mediante la utilización de la violencia en cualquiera de sus formas (física, sexual o psicológica).

Es necesario distinguir entre dos conceptos actualmente muy confundidos: conflicto y violencia.

Conflicto familiar: Es un episodio que aparece frente a las situaciones familiares nuevas (nacimiento de los hijos, ingreso de los hijos al colegio, cambio de empleo, enfermedad, etc.), obligando a sus miembros a usar destrezas y habilidades para adaptarse a ellas.

Violencia familiar: Se refiere a todos los actos abusivos que tienen lugar en las relaciones cotidianas entre los miembros de la familia. Para hablar de violencia familiar la situación de maltrato debe ser crónica y cíclica, suponiendo daño o intención de daño a cualquiera de sus miembros.

Entonces, un conflicto familiar es, hasta cierto punto, una situación deseable al permitir el desarrollo de habilidades psicosociales en los miembros de la familia, habilidades necesarias para resolver situaciones difíciles en el futuro. Por el contrario, en la situación violenta no hay un empleo de tácticas de negociación y comunicación, sino ataques abusivos de todo tipo.

Ha sido difícil, teórica y empíricamente, describir el desarrollo diferenciado del conflicto familiar y la violencia familiar. Gelles y Straus (1979) identificaron las características propias de la familia que la convierten en una institución violenta. Sin embargo, Straus & Hotaling (1979), señalaron esas mismas características como el origen de su naturaleza calurosa, favorable y creadora de un ambiente íntimo y productivo. Por ejemplo, los conflictos familiares de origen sociodemográfico (desempleo, hacinamiento, bajo nivel educativo, etc.) pueden terminar en ataques violentos de cualquier miembro de la familia o en la mejora del desarrollo de la familia. El que suceda el uno o el otro, no depende de las condiciones sociodemográficas, sino de las habilidades de los miembros de la familia para resolver conflictos (Vara, 2000c).

Antes de 1960, mucha gente consideraba la violencia familiar como un fenómeno raro o poco frecuente. Resulta difícil imaginar siglos de historia con casos innumerables sobre violencia familiar "descubierta" recientemente gracias al trabajo de los investigadores y atendida como un grave problema social. En la actualidad, Gelles (1997) considera que la invisibilidad de la violencia familiar se debe a la existencia de mitos y creencias difundidos entre la población.

Han transcurrido 40 años de investigaciones, reconocimiento público y trabajo profesional conjunto para combatir este grave problema social; sin embargo, si se evalúa los logros alcanzados en estas cuatro décadas se observa un énfasis exagerado en las medidas legales y judiciales, mientras las propuestas preventivas, académicas y terapéuticas son relegadas a un segundo plano. ¿Por qué se ha avanzado tan poco en la comprensión del origen y mantenimiento de la violencia familiar, si hoy se cuenta con adelantos importantes en metodología de investigación social?. La respuesta, quizás, se deba a la existencia de mitos y creencias sobre el origen de la violencia familiar, mantenidos de forma inconsciente dentro del círculo de investigadores. A continuación, se revisan, discuten y refutan algunos de ellos.

1.2 Mitos que dificultan a los investigadores la comprensión de la violencia familiar

La violencia familiar es un problema de las personas perturbadas o enfermas: Esta creencia se basa en la información recogida durante las denuncias policiales y los datos clínicos obtenidos de las entrevistas realizadas con las víctimas del abuso. La limitación con este tipo de datos es olvidar que, muchas veces, las denunciantes han atravesado por un ciclo cada vez más intenso de violencia, y con el tiempo la probabilidad de sufrir daño físico se ha incrementado. Es decir, las peleas y gritos iniciales se convirtieron en ataques físicos de gravedad, independientemente de la salud mental de la pareja. Lamentablemente, los medios de comunicación difunden, de forma irresponsable, estos casos "sensacionalistas" haciendo con ellos una generalización tendenciosa. Partiendo de este tipo de datos, algunos investigadores identifican "supuestas" características de la personalidad relacionadas con el agresor físico: depresión, inmadurez, impulsividad, autoritarismo, ansiedad y comportamiento antisocial (Menéndez, 1996; National Research Council, 1993). Sin embargo, pese a la existencia de un pequeño porcentaje de opresores con desórdenes psiquiátricos o relaciones patológicas, la gran mayoría son personas sin alteraciones de personalidad (National Research Council, 1993). Straus proporciona evidencia de ello, cuando encontró que menos del 10% de todos los tipos de violencia familiar en los Estados Unidos son producidos por desórdenes mentales o perturbaciones psicológicas (Straus, 1980).

La violencia familiar es propia de lo pobres o familias de estratos bajos: Muchos científicos sociales creen que la violencia en general, y la violencia familiar en particular, es un problema de las familias pobres, de estrato social bajo y de minorías raciales o étnicas. Esta creencia se basa en la gran cantidad de informes y denuncias de violencia entre las familias pobres. Por ejemplo, según el estudio de Espinoza, el 52.2% de las mujeres entrevistadas en Lima y Callao opinan que la violencia familiar se produce principalmente en los estratos pobres. Resulta interesante la visión de las mujeres de los estratos pobres quienes ven con mayor objetividad la violencia, ubicándola en todos los estratos socioeconómicos y no sólo en el pobre (Espinoza, 2000). Aún sin considerar los pocos recursos económicos disponibles en los estratos bajos, las familias pobres cuentan con un sistema de redes sociales para enfrentar las dificultades. Uno de los elementos de esta red es la comunicación entre los vecinos sobre los problemas propios de cada familia, por lo que se hace cotidiano y "común" hablar sobre violencia y problemas en el hogar. Entonces, no debe extrañar ver frecuentemente un número mayor de denuncias o informes sobre situaciones violentas en las familias pobres, en comparación con la cantidad de denuncias de los estratos medio y alto. Resumiendo, los victimarios y víctimas de la violencia familiar proceden de todos los estratos socioeconómicos y no se puede considerar a los estratos socioeconómicos como causantes de los ciclos violentos (Vara, 2000c).

Los hombres son los únicos que abusan de los niños y las mujeres: A pesar de ser una afirmación poco rigurosa, es la creencia más difundida de todas. Este mito se apoya en las denuncias sentadas en las comisarías de mujeres, publicaciones del PROMUDEH, estudios con enfoque de "género" donde sólo se encuesta a la mujer y se pregunta sobre violencia contra la mujer, etc. En el terreno de la evidencia empírica, existen más de 100 estudios, a nivel mundial, donde se demuestra que las mujeres son tanto o más violentas que los hombres (Fiebert, 1997, 1998; Vara 2000a, 2000b, 2000d, 2000e). En cuanto al abuso infantil, se ha encontrado que las madres y cuidadoras mujeres son las principales agresoras (Moreno, 1999; Vara 2000b, 2000d).

Los niños víctimas de violencia, de adultos también serán violentos: Una vez más, esta creencia se basa en la información obtenida de las denuncias policiales. En ellas se encuentra un gran porcentaje de denunciantes víctimas de maltrato infantil. Por ejemplo, nueve de cada diez madres violentas relataron una historia familiar de abuso (Hunter & Kilstrom, 1979). Aparentemente, el maltrato infantil "causa" la violencia en la adultez, sin embargo, no se puede inferir aquello porque los datos de las denuncias policiales no son representativas de la población. Es decir, existen miles de personas que sufrieron maltrato infantil quienes actualmente no golpean a sus parejas e hijos (Straus, 1986; Gelles, 1997). Los resultados de las encuestas nacionales en Estados Unidos contradicen la hipótesis del abuso infantil como causa de la violencia. En otras palabras, un niño maltratado no necesariamente será un adulto violento. Existen factores que protegen al niño de los efectos del maltrato, por ejemplo el alto nivel intelectual, las habilidades interpersonales, relaciones importantes con personas guías, redes sociales fuera de casa, etc. (National Research Council, 1993).

El abuso de alcohol y drogas es la causa real de la violencia en el hogar: Muchos estudios han encontrado una fuerte asociación entre el consumo de sustancias psicoactivas y la violencia (Fagan, 1990; Gelles, 1974; Gillen, 1946; Guttmacher, 1960; Snell, Rosenwald & Robey, 1964; Wolfgang, 1958). Según el estudio de Espinoza (2000) el 30.4% de las mujeres entrevistadas en Lima y Callao opinan que los agresores consumen habitualmente alcohol y drogas. Sin embargo, a pesar de la creencia generalizada, las sustancias psicoactivas no juegan un rol directo en la violencia, ya que beber y drogarse generalmente se usan como una excusa, socialmente aceptable, para "perder el control" (Gelles, 1993; Straus et al., 1980). Esta afirmación se apoya en la reacción de muchas personas a las sustancias, la cual es producto de las diferencias culturales y no de los patrones fisioquímicos (MacAndrew & Edgerton, 1969). En algunas culturas la gente bebe y se vuelve violenta, en otras se ponen alegres, en otras pasivas, en otras melancólicas, etc. En la mayoría de los casos el abuso de sustancias es consecuencia de la dinámica familiar violenta y prolongada y no una causa de ella (Vara, 2000d, 2000e).

Como se ha visto, al considerar la familia como una instituciones violentas, los investigadores tienden a pensar que la violencia ocurre todo el tiempo. Sin embargo, las situaciones violentas no son muy frecuentes. Como se verá más adelante, la violencia se caracteriza por ser cíclica y de intensidad creciente, mostrando episodios de tensión y ataques, así como episodios de reconciliación y afecto. Antes de describir la dinámica de los conflictos y de la violencia, primero se definirán algunos conceptos claves, tales como: violencia, actos abusivos, ataque físicos.

1.3 ¿Cuándo una acción es violenta?

Uno de los problemas iniciales y más persistentes en el campo de la violencia familiar ha sido desarrollar una definición de violencia y abuso que sea útil, clara, y aceptable. Por ejemplo, los investigadores del abuso de los niños intentaron, durante años, desarrollar una definición aceptable y han encontrado -después de innumerables conferencias, talleres, y publicaciones- tantas definiciones de violencia como estudiosos en el campo (National Research Council, 1993).

Una de las primeras definiciones de maltrato infantil fue usada por el médico C. Henry Kempe y sus colegas (Kempe, Silverman, Steele & Droegemueller, 1962) en el artículo "El síndrome del niño golpeado". Kempe, definió abuso de los niños como una condición clínica, es decir, con diagnóstico médico y síntomas físicos producidos, de forma deliberada, por un ataque físico.

Pese a la popularidad de esta definición, resulta muy limitada al restringir el abuso sólo a los actos de ataque físico generadores de un diagnóstico de daño. Por ejemplo, si una madre toma un arma, dispara contra su hijo y falla, de acuerdo a muchas definiciones de abuso (como la de Kempe) este acto no debe ser considerado abusivo al no haberse producido evidencia de daño físico. Obviamente, se produce un daño cuando una madre le dispara a su hijo, aún cuando falle; sin embargo, según los términos estrictos de esta definición el acto por si mismo no se considera abuso. Por lo tanto, una definición ideal de abuso deberá incluir actos potencialmente dañinos, aun cuando por alguna razón no causaron heridas o lesiones.

Siguiendo esta lógica, El National Center on Child Abuse and Neglect (un organismo del gobierno federal de Estados Unidos establecida en 1974) amplía la definición de abuso al incluir actos no físicos en ella. La definición de abuso de esta institución es:

"El daño físico o mental, abuso sexual, tratamiento negligente, o maltrato de menores de 18 años por la persona que es responsable de su bienestar, en circunstancias donde la salud o bienestar del niño es dañada o amenazada por ella". (Public Law 93-237;42 U.S.C. 5106g)

Según esta definición, el abuso de niños incluye actos de acción y omisión (o actos de negligencia) y actos de ataque que potencialmente son dañinos. Esta definición, algo más exhaustiva que la anterior, produce una serie de limitaciones a la hora de distinguir los actos negligentes o violentos de los actos correctivos o educacionales. Por ejemplo, cuando una madre "le da con la correa" a sus hijos no suele ser considerada violenta o abusiva. Mucha gente considera el "darle con la correa" a los hijos como algo normal, necesario y bueno. Casi el 90% de los padres informan "haberle dado correazos" a sus hijos. Asimismo, uno de cada cuatro hombres y una de cada seis mujeres bajo ciertas condiciones (por ejemplo, infidelidad), cree adecuado para el marido golpear a su esposa o viceversa (Gelles & Straus, 1988; Stark & McEvoy, 1970).

En consecuencia, al momento de definir la violencia algunos investigadores considerarán importante separar los actos "normales de fuerza" de los actos "anormales de daño" o violencia propiamente dicha. Aunque tal separación pueda parecer deseable, distinguir entre actos aceptables y no aceptables solo crea más dificultades de lo que uno puede imaginar. Un problema mayor es: ¿quién decide que actos de violencia son legítimos o ilegítimos? ¿Es "abusivo" pegar a un niño sin dejar huella de daño físico, considerando que "violencia" es pegar a un niño y causar marcas y moretones en alguna parte de su cuerpo?. La decisión ¿debe ser tomada por la persona golpeada, por la persona agresora, por los agentes de control social como la policía, las trabajadoras sociales, los jueces, o debe ser tomada por los científicos sociales?.

Jeanne Giovannoni y Rosina Becerra realizaron un estudio profundo sobre las definiciones de abuso de niños, y encontraron una variación en función de la categoría y la profesión, en la definición de abuso utilizada por los profesionales sociales. Los miembros de la policía, las trabajadoras sociales, los médicos y abogados tienen visiones diferentes sobre el abuso de niños. Además, según el estudio mencionado, la definición de abuso varía según la clase social, raza y el grupo étnico (Giovannoni & Becerra, 1979). Esta diversidad de las definiciones de abuso, visibles de profesión en profesión, hace imposible su comparación.

NO AL ABORTO

Se evidencia el sentimiento paterno ante los embriones «sobrantes», constata un especialista
El doctor Carlo Bellieni se hace eco de una investigación de «Le Nouvel Observateur»

Las parejas experimentan y están mostrando sentimientos de paternidad ante los «embriones sobrantes» de procesos de fecundación artificial, alerta un neonatólogo italiano.

Bajo el título «Un amasijo de células con dos padres que deben poner una X», el doctor Carlo Bellieni se hace eco --en el diario italiano «Il Foglio» (17 de junio de 2006)-- de un análisis aparecido dos días antes en el semanario francés «Le Nouvel Observateur».

«De la mano de [la periodista] Sophie des Déserts» se investiga a los 130.000 embriones congelados [en Francia] y a sus padres, apunta el neonatólogo del Departamento de Terapia Intensiva Neonatal del Policlínico Universitario «Le Scotte» de Siena (Italia).

«Se comienza narrando la historia de los cónyuges Aude y Thibault, quienes habían pedido sin éxito limitar el número de embriones para su congelación, pero a quienes se les ha respondido que con la tasa de fracaso de la FIV [fecundación in vitro. Ndr] no se puede, y han aceptado apartar algunos», escribe el médico italiano.

Continúa: «La psiquiatra Muriel Flis-Trèves explica que estos embriones de más son para todos “fuente de fantasmas conscientes o inconscientes”».

«Pero se alcanza el drama cuando los propios padres son llamados a decidir si se deja destruir sus embriones, ya inútiles porque con otros se ha logrado el embarazo», advierte el doctor Bellieni.

Tal es el caso de Agnès, quien tiene nueve embriones congelados; recibe un cuestionario para decidir qué hacer: «¿Desean continuar la crioconservación? ¿Tienen aún un proyecto parental?».

Explica la periodista: «mientras se pueda rellenar la casilla con el sí, todo va bien, de otra manera hay un agujero negro. Algunos saben que para ellos la aventura ha concluido, pero siguen marcando la casilla con el sí mecánicamente. Otros no responden [...] tal vez porque no saben qué contestar».

«Para algunos sería sencillo: es sólo un amasijo de células... –ironiza el doctor Bellieni, transcribiendo a continuación: “pero he aquí que el pequeño que juega con el trenecito en el salón también era un embrión. Un afortunado. Allí quedan los hermanos y hermanas en potencia. ¿Tirar a la basura estos embriones deseados y obtenidos después de tanto esfuerzo?”».

«Una mujer de 41 años –prosigue el médico italiano— llega con lágrimas al hospital Beclère: tiene embriones congelados; no tiene hijos, el marido la ha dejado y sin su consentimiento no se puede hacer nada. Debe renunciar a sus “niños”. “Querría decirles adiós, un pequeño funeral, algo...”. En resumen: la vieja cuestión “¿alguien o algo?” ha pasado de los análisis de los periódicos a la experiencia profunda de los padres».

«Y de los médicos –advierte el neonatólogo--: la responsable de la sección explica que no han empezado aún a destruir los embriones más antiguos porque entre los padres hay quien puede cambiar de idea y comenta: “Es difícil... teóricamente estamos aquí para dar la vida”».

«Una alternativa a la destrucción –sigue el doctor Bellieni, haciéndose eco del semanario francés-- sería la donación: a otras familias estériles o a la ciencia. Algunos lo aprueban. Otros lo temen: “¡Imagínense a mis niños como cobayas!”, se indigna una madre de dos gemelos».

Apunta también que «el responsable del servicio dice que el 10-15% de los padres estarían dispuestos a donar a los hijos a la ciencia... pero cuando se trata de pasar a los hechos...».

Y ello tampoco evita la duda y aprensión sobre la idoneidad de la familia que eventualmente los adoptara.

«Ha saltado la alarma en el extranjero –constata el médico italiano en su artículo de “Il Foglio”: los embriones son “hijos”; tal vez no serán niños, pero tienen padres. ¿Será entonces posible disponer de ellos sin el permiso de aquellos? ¿Y será de verdad indoloro para los adultos haber permitido experimentos sobre el minúsculo fruto de sus gametos?».

Fuente: Zenit, ZS06062710

Iglesia y fecundación artificial

Iglesia y fecundación artificial

Muchos matrimonios sufren por el drama de la esterilidad. Desean desde lo más profundo de sus corazones la llegada del hijo, pero el maravilloso don de una nueva vida no aparece en el horizonte del hogar.

Frente a este drama, algunos esposos se preguntan si sería correcto recurrir a técnicas de reproducción artificial. Sobre el tema, la Iglesia preparó un documento, publicado con fecha 22 de febrero de 1987, que lleva la firma del entonces Cardenal Joseph Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI) y cuenta con la aprobación de quien era entonces el Papa, Juan Pablo II. Este documento lleva como título «Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y de la dignidad de la procreación». El título breve en latín es Donum vitae.

Vamos a presentarlo brevemente y a responder a algunas objeciones que suelen formularse contra la doctrina expresada en este documento.

1. Estructura del documento

El documento inicia con una premisa. A ella sigue una introducción general, dividida en 5 puntos, con los criterios básicos a tener en cuenta en estos temas y los motivos por los cuales la Iglesia puede dar un juicio ético sobre las nuevas técnicas de fecundación o reproducción artificial.

Siguen luego tres apartados. El primer apartado, «El respeto de los embriones humanos», se estructura en forma de 6 preguntas y respuestas sobre algunas de las técnicas que experimentan o manipulan embriones humanos. Se tocan, entre otros, el tema del diagnóstico prenatal y de la investigación y experimentación sobre embriones.

El segundo apartado, organizado en forma de 7 preguntas y respuestas y un punto conclusivo, analiza las nuevas técnicas de procreación humana para dar un juicio sobre las mismas. El análisis se fija sobre todo en la inseminación artificial, la fecundación in vitro y la maternidad sustitutiva (o de alquiler).

El tercer apartado, que no sigue el esquema de preguntas y respuestas, ofrece una reflexión sobre la relación que existe entre la moral (la ética) y la ley civil.

2. Algunos datos técnicos

Vamos a presentar ahora, desde la Donum vitae, cuáles son las principales técnicas de reproducción artificial.

a. Inseminación artificial (IA, en inglés AI)

Es un método de fecundación que extrae y capacita la dotación espermática para luego introducirla artificialmente en el útero femenino.

b. Fecundación «in vitro» (FIV, en inglés IVF)

Método de fecundación que busca la unión entre uno o varios óvulos y los espermatozoides fuera del organismo femenino, para después introducir en el útero materno uno o varios embriones obtenidos en el laboratorio («in vitro»).

c. Tipos de inseminaciones y de fecundaciones artificiales
  • Homóloga: se realiza a partir de los óvulos y los espermatozoides de la misma pareja que quiere tener hijos. En este caso, los padres son verdaderos padres biológicos de los hijos así concebidos.
  • Heteróloga: usa óvulos o espermatozoides que proceden de una persona (un donante) ajena al matrimonio que desea tener hijos. En general, se busca que los donadores permanezcan en el anonimato, pero no por eso dejan de ser los verdaderos padres biológicos de los hijos concebidos gracias a sus gametos.

3. Resumen de la doctrina católica sobre estas técnicas

Según la Donum vitae, son lícitas aquellas ayudas médicas que permitan a los esposos, desde el acto conyugal realizado como fruto del amor y abierto a la vida, superar algunos obstáculos que impiden la procreación y puedan así concebir un hijo.

En este sentido, cualquier técnica que persiga la procreación fuera del contexto matrimonial, o que no respete la naturaleza propia del acto conyugal, es intrínsecamente mala.

Por lo mismo, la Iglesia declara la inmoralidad de cualquier técnica heteróloga, pues implica recurrir a alguien ajeno a los esposos, realizando así una especie de «adulterio» en el que el hijo no lo es plenamente de uno (o de los dos) de los padres, que no es padre biológico del mismo.

Igualmente el documento hace ver cómo toda forma de fecundación artificial («in vitro») es contraria al respeto del modo correcto de unir procreación y amor conyugal, pues los embriones así concebidos son más producto de la técnica que resultado del amor expresado a través de la relación sexual entre los esposos.

En cuanto a la inseminación artificial, ésta es inmoral si se realiza a través de la obtención del esperma masculino fuera del acto conyugal entre los esposos (con el recurso a la masturbación). A la vez, el documento explica que existe un posible uso correcto de la inseminación artificial, cuando «el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural»; es decir, cuando se toma el esperma masculino no a través de la masturbación, sino inmediatamente después de un acto sexual que respete la estrecha relación que existe entre los significados unitivo y procreativo del mismo.

La Donum vitae explica la inmoralidad propia de cualquier técnica que implique poner en peligro o dañar la vida de los embriones, experimentar arbitrariamente con ellos, congelarlos o producirlos simplemente como material biológico disponible para la investigación o para nuevos intentos de lograr el embarazo.

4. Algunas objeciones que han sido puestas al documento y algunas posibles respuestas a las mismas

Objeción 1ª: El documento defiende una moral abstracta, de principios, que va contra la mentalidad moral actual. En la moralidad «moderna», según la objeción, el individuo es el que decide qué esta bien y qué está mal, sin depender de reglas o de las indicaciones que reciba de otros.

Respuesta: La moral católica no es abstracta, aunque se basa en principios generales que sirven para iluminar los casos y las situaciones concretas que se dan en las vidas de las personas.

La misma objeción parte de un principio abstracto («el individuo es quien decide lo bueno y lo malo») que es erróneo. En realidad, la ética no consiste simplemente en seguir lo que uno desea, ni en usar cualquier medio (incluso malo) para alcanzar un fin bueno. Más bien la ética verdadera consiste en respetar un orden moral que nos dice cuál es el camino correcto para realizar el bien en la propia vida.

Objeción 2ª: El documento supone una concepción metafísica de la persona humana, pero en el mundo actual la metafísica ya no tiene ningún valor.

Respuesta: El concepto de persona que defienden muchas corrientes modernas (sociologismo, existencialismo, materialismo, individualismo...) no se sostiene por sí mismo, pues carece de fundamento. Muchas de estas doctrinas arrancan de una postura crítica que va contra cualquier fundamentación metafísica. Sin embargo, sin esta fundamentación (tal como la defiende la verdadera filosofía) es muy difícil defender la dignidad de la persona. Y si no conseguimos una buena fundamentación de la dignidad humana, el hombre queda a merced de cualquier manipulación de las ideologías, según criterios arbitrarios que han llevado y pueden volver a llevar a las más disparatadas consecuencias y a injusticias como el racismo, el aborto, el infanticidio, etc.

Objeción 3ª: El documento se opone a la fecundación «in vitro» porque se basa en una visión «anticuada» de lo que es el acto conyugal, y olvida el legítimo deseo de los esposos de tener hijos gracias a los progresos de la técnica.

Respuesta: Este documento tiene presente las dos dimensiones del acto conyugal, unitivo y procreativo. Si ambas dimensiones quedan separadas por recurrir a técnicas de reproducción artificial, la procreación humana es vista más como producción que como consecuencia de un acto de amor visto en su marco correcto: el que permite la donación mutua de los esposos en el acto conyugal abierto a la vida. Hay que defender siempre la institución del matrimonio en su dinamismo natural como el único modo correcto de colaborar en la transmisión de la vida.

Objeción 4ª: La esterilidad es una enfermedad, y la ciencia debe tratarla así, ofreciendo todas las posibilidades que existan para conseguir un hijo. No se puede obligar a una pareja, por unas pretendidas normas morales, a vivir con resignación su enfermedad y a renunciar a sus aspiraciones legítimas. Además, la fecundación «in vitro» está dando excelentes resultados: muchos hijos nacen sanos gracias a las técnicas de reproducción artificial.

Respuesta: El hecho de que haya buenos resultados no significa que el camino que se está siguiendo sea moralmente correcto. También ha habido hospitales y laboratorios que buscaron alcanzar descubrimientos importantes para la medicina a través de experimentos inmorales sobre enfermos u otros tipos de personas.

La esterilidad puede ser tratada en sus causas según el progreso de la ciencia médica. Pero la medicina está llamada a respetar la dignidad de la persona humana, sea la de los esposos, sea la de los posibles hijos. Nunca será correcto un acto técnico que atente contra los principios éticos y contra la dignidad de alguna de las personas implicadas en el proceso procreativo (padres e hijos).

Objeción 5ª: En virtud de sus principios morales la Iglesia pretende imponer límites a la ciencia, cuando la investigación científica es, de por sí, amoral: la ciencia no debe someterse a cánones ajenos a la misma ciencia.

Respuesta: La investigación científica es realizada por seres humanos que están llamados a respetar las normas éticas como los demás hombres. No es nunca correcto el progreso de la ciencia cuando se logra a base de experimentos que no respetan la dignidad de otros seres humanos (aunque sean pequeños como los embriones). Una ciencia sin ética puede convertirse en un monstruo que termine por destruir a miles de seres humanos inocentes, como ya se hace en los laboratorios que usan y destruyen embriones humanos.

Objeción 6ª: No está claro que desde el momento de la formación del zigoto (desde el instante de la fecundación) exista ya un embrión humano. Han de transcurrir algunos días para que se pueda hablar de embrión humano. Los días anteriores tenemos «pre-embriones», sobre los cuales la ciencia tendría el derecho de experimentar libremente.

Respuesta: Más bien la ciencia está de acuerdo en que desde la concepción el zigoto es una unidad que se autoregula y autoconstituye según las características propias de la vida animal; tiene, además, la dotación cromosómica y los elementos citoplasmáticos que regirán su desarrollo biológico futuro. Es cierto que la ciencia no puede determinar en qué momento llegaría el alma espiritual a los nuevos embriones humanos, pero sí puede decir cuándo nos encontramos ante una nueva realidad biológica: a partir de la fecundación. Si hubiera casos de duda sobre la presencia del alma en esos embriones, sigue en pie la obligación de tratarlos con el respeto debido a todo ser humano.

Objeción 7ª: No existe entre los católicos una plena aceptación sobre la doctrina que defiende el documento. Incluso es posible encontrar a sacerdotes que explican a los esposos que sí es correcto recurrir a la reproducción artificial.

Respuesta: no es imposible que entre los católicos haya personas, incluso sacerdotes, que no acepten la doctrina y la moral de la Iglesia. Pero ello no es motivo para apartarnos de lo que enseña el Papa y los obispos que se mantienen unidos entre sí y al Papa. Un católico, incluso un sacerdote, habla como católico sólo cuando lo hace de acuerdo con los principios que debe profesar si quiere estar en comunión de fe y de amor con la Iglesia instituida por Jesucristo. Por lo mismo, puede haber católicos que profesen abiertamente ideas contrarias a su fe, pero ello no es motivo para poner en duda enseñanzas como las contenidas en la Donum vitae o en otros documentos del Magisterio.

Objeción 8ª: La Donum vitae, en la tercera parte, pide a los legisladores que defiendan y salvaguarden los principios propios de la moral «católica» sobre estos temas, cuando en la vida pública, según el principio de laicidad, habría que respetar la pluralidad de ideas y de opciones como norma suprema, y permitir el libre acceso a las técnicas de reproducción artificial a todos los ciudadanos.

Respuesta: Lo propio de la ley es salvaguardar los derechos de las personas. No es imponer una moral particular y «opcional» el defender tales derechos, como pide la Donum vitae al recordar que los estados deben tutelar la vida de los embriones y no permitir técnicas que pongan en peligro tal vida.

Explica el documento en la tercera parte: «El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos. La ley no podrá tolerar -es más, deberá prohibir explícitamente- que seres humanos, aunque estén en estado embrional, puedan ser tratados como objetos de experimentación, mutilados o destruidos, con el pretexto de que han resultado superfluos o de que son incapaces de desarrollarse normalmente».

Es cierto que vivimos en una sociedad pluralista, pero pluralismo no es sinónimo de tolerar acciones injustas o violentas. Por eso es necesario asumir e «imponer» a todos un mínimo ético para garantizar la convivencia social. Ese mínimo ético también debe llevarnos a prohibir técnicas de reproducción artificial que no respetan ni la dignidad del matrimonio ni la vida de miles de embriones.

5. Después de la Donum vitae

La instrucción Donum vitae fue un documento clarividente, que descubrió las serias amenazas escondidas en las nuevas técnicas de reproducción artificial.

Desde 1987, miles de embriones han sido abandonados, o congelados, o destruidos, o usados en investigaciones científicas. Miles de parejas han invertido dinero y energías con la esperanza de conseguir un hijo a través de la fecundación artificial. Muchas de esas parejas han visto frustradas sus esperanzas, mientras que otras, con mayor o menor conciencia, permitieron la congelación, e incluso la destrucción, de algunos de sus hijos más indefensos, embriones inocentes que se convirtieron en «sobrantes».

En estos años se han desarrollado nuevas variantes de las técnicas. Una de ellas cuenta con una amplia difusión, la ICSI, que consiste en la microinyección, en laboratorio, de un espematozoide en un óvulo. También se ha difundido la práctica del diagnóstico preimplantacional, orientado a seleccionar los embriones sanos (los «mejores») y a marginar o destruir (de modo injusto y discriminatorio) a los considerados defectuosos o no deseados. Algunos gobiernos han permitido que los laboratorios usen y destruyan a cientos de embriones para fomentar nuevas investigaciones sobre las células madre embrionarias. En algunos casos se ha permitido la creación de nuevos embriones para «servir» a la ciencia y luego ser destruidos.

El panorama presenta tintes de drama. Por eso se hace necesario volver a leer un documento profético que ofrece pautas para rescatar la dignidad del matrimonio, de los embriones y de la vocación médica, y para poner límites a técnicas injustas.

Vale la pena hacer presente lo que indicaba la Donum vitae en su introducción: «Los progresos de la técnica hacen posible en la actualidad una procreación sin unión sexual, mediante el encuentro in vitro de células germinales extraídas previamente del varón y de la mujer. Pero lo que es técnicamente posible no es, por esa sola razón, moralmente admisible».

Es urgente, por lo tanto, profundizar en una correcta visión ética sobre el matrimonio y la procreación, de manera que la medicina verdadera siga ayudando y acompañando a las parejas que no pueden tener hijos. A la vez, hay que educar a los jóvenes para que sepan cuidar la propia fecundidad como un tesoro que permite, tras el «sí» del compromiso matrimonial, que un esposo y una esposa puedan convertirse en colaboradores de Dios en la transmisión del don de la vida.


fuente: http://www.conoze.com/doc.php?doc=7754