martes, 23 de diciembre de 2008

LA PROPINA


La propina. Cuando darla. Cuanto dar. A quien dar la propina.


El diccionario de la Real Academia Española la define como: Agasajo que sobre el precio convenido y como muestra de satisfacción se da por algún servicio.

La propina es una muestra de gratitud. En ningún momento la propina rebaja ni al que la da ni al que la recibe (cuando no se da algo tan irrisorio que sea molesto para el que la recibe). Como bien dice la definición es un agasajo, una muestra de nuestro agradecimiento.


El tema de la propina es muy diferente según el país en el que estemos, pero eso lo trataremos en el tema de otros países, cuando hablemos de cada país en concreto.

La propina es un gesto de cortesía que se da por lo que estimamos ha sido un buen servicio, pero en ningún caso es una obligación o una costumbre "casi obligatoria".

Si usted acude a un restaurante y no cree que le hayan atendido bien no tiene por dejar un solo céntimo de propina. Ahora bien, si considera que las atenciones han sido buenas, puede dejar un importe que considere oportuno como muestra de gratitud.

Lo mismo ocurre con otro muchos servicios: el botones del hotel que nos sube las maletas y nos indica cual es nuestra habitación, la enfermera que nos ha tratado estupendamente durante nuestra estancia en el hospital o la clínica, el acomodador (figura casi inexistente ya) que nos conduce hasta nuestra butaca en el teatro o el cine, el chico del supermercado que nos lleva a casa la compra del mes...

Hay multitud de situaciones en las que mostrar el agradecimiento, por un servicio atento y correcto, pues aunque sea su obligación, no todos los casos se cumple con esta cordialidad. Y es por ello, que la propina es un "suplemento" al coste del servicio, que damos de forma voluntaria.

Con el aumento de los servicios a domicilio, casi todos los repartidores son "objeto" de nuestra propina, siempre que lo consideremos oportuno. Nosotros mismos, somos los que debemos valorar el servicio y saber si creemos que merece esa propina.


Un ejemplo claro, es ese repartidor impaciente, que aporrea la puerta, o quema el timbre con el dedo, que no levante del mismo hasta que hemos llegado a la puerta. Si eso nos molesta, la mejor expresión de nuestra molestia es no dándole una propina (a parte de comentarle que no llame de esa manera).

Una cosa que debemos tener en cuenta, es no utilizar la propina para descargar ese montón de monedas, de pequeño importe (calderilla), para dar la propina. No hace muy buen efecto.

Recuerde, que la propina es un gesto de gratitud, de cortesía no de caridad. No se puede ofender con el importe de la propina ni con la forma de darla. Debe ser un momento discreto, nada de exhibicionismo.

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